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Ilustraciones Cristianas : El espantapájaros

Hay un cuento clásico el Mago de Hoz, en el que hay varios personajes.

El hombre de paja es el que más interesante me parece.

Él quería un cerebro y junto con el hombre de lata, el león y Dorita encaminan una aventura hacia el castillo para ver si el mago les concede sus deseos.

El hombre de paja… de paja era su cuerpo, me ponía a pensar que difícil era para él la vida, alejada del fuego.

Claro este es un cuento, pero en la vida real, la paja no sirve de mucho.

Es desecho, su uso es solo de relleno.

Pero en un tiempo fue útil, fue verde y el grano de trigo dependió totalmente de ella para su crecimiento.

Llegó el momento en que ya no la necesitó.

Era necesario que se desprendiera de ella.

Si el grano seguía pegado a la paja sé podriría.

La paja y el trigo eran uno al principio, pero no todo el tiempo.

¿Alguna vez has ayudado a alguien?

¿Te das cuenta que llega el momento en que ya no te necesita?

Hay que dejarlo ir.

El caso es claro en los hijos, pero no es de los hijos de quien quiero hablar, sino del creyente y su paja.

Simbólicamente… ¿Qué es la paja en el creyente?

La paja en el creyente es todo aquello que le ayudó en el principio a crecer y que ya no necesita más.

No me estoy refiriendo a tu Pastor, ni a la doctrina, ni mucho menos a la fe.

Me refiero a las emociones inmadurez, terquedad, problemas con tu propio yo, decepciones etc.

Todo aquello que experimentó en los primeros años de su caminar con Jesús y le hizo tener experiencias un tanto amargas, pero que ya no necesita.

Se supone que ya maduró con tantos golpes de cabeza que el mismo se hizo por no entender.

Los problemas nos ayudan a crecer, a madurar.

Nuestra emoción nos enseña a no confiar en ella, sino en Jesús.

Nuestra inmadurez nos mostró que las cosas se hacen mejor si pensamos antes de hablar y con otra opinión somos más sabios.

Esa es la paja a la cual me refiero.

La que nos ayudó a crecer, pero que ya no necesitamos, porque se supone que ya hemos madurado.

Juan el Bautista dijo.

“… y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja”. Mateo 3:12.
Te voy a mostrar a un hombre espantapájaros, pura paja.

Pero el Señor, a su tiempo, quemó todas sus emociones e inmadurez.

Este era Pedro, terco como una mula, emocional a morir, impulsivo.

Pedro era de esos que dormían con los zapatos puestos.

Algunas veces declaraba que Jesús era el Mesías y después era usado por Satanás para desalentar al Señor.

Era también sumamente intrépido.

En Mateo 14:28 se atrevió a pedir algo, caminar sobre las aguas.

Sí, es cierto, le faltó fe, pero su espíritu indómito lo impulsó.

Y le fue concedido.

Ese era Pedro, el hombre que se atrevió con su imprudencia a preguntarle a su maestro en plena transfiguración con Elías y Moisés, si querían enramadas.

Lo vemos en Marcos 9:2-13.

Miedoso, traidor, que confió en su fuerza física y en el momento de la verdad corrió y negó.

Esta era la paja de Pedro, inservible ahora, pero indispensable al principio y parte del carácter del discípulo.

Pensemos… ¿Tenemos aún esa paja en nuestra vida?

Esa paja puede ahogar nuestro fruto si no es desprendida a tiempo.

Tal vez nos ayude o nos ayudó, pero no será siempre, si el fruto madura hay que desprenderla.

¿Cómo quemar nuestra paja?

A Pedro le costó mucho trabajo, pero lo hizo, dejando de confiar en el mismo, esperando en el Señor en todo.

Esto causa dolor y he aquí el problema, a la mayoría de nosotros no nos gusta el dolor, ni mucho menos el sacrificio.

Hay un texto que a la perfección nos marca la pauta a seguir.

“respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”. Lucas 3:16.

Dejemos quemar esa paja, solo basta con reconocer que aún tenemos paja.

Tenemos que permitir que el Señor queme esa paja que ya está seca y nos ahogará si la dejamos.

Jesús dijo a Pedro que Satanás lo había pedido para zarandearlo como a trigo, pero Pedro haciendo gala de su fortaleza física y emocional le dijo que nunca lo dejaría.

Si té fijas bien, Jesús dijo.

“… Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo”. Lucas 22:31.

En pocas palabras el grano todavía con la paja.

El Señor quemó esa paja de Pedro y aunque le dolió, sirvió de mucho, ya que Pedro fue transformado.

Cuando ya nos hemos librado de la paja.

¿Sabes en qué momento es quemada la paja de Pedro?

En el capítulo 21 de Juan está todo escrito.

Jesús encara a Pedro en el mar de Tiberias.

No le reprocha su negación, antes le invita un desayuno (Juan 21:12), con el estómago lleno lo encara con esta pregunta.

“… Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?”. Juan 21:15.

Tres veces se lo pregunta.

Me imagino la cara que puso Pedro.

¿Habrá tenido valor para mirar a Jesús a los ojos?

No lo sé, tal vez nunca lo sepa.

Lo que sé es que Pedro se restaura y veo a un Pedro totalmente diferente en el capítulo 2 de Hechos.

Totalmente maduro, predicando de Jesús a judíos de su época, sin emociones, con poder, ya no hay paja en Pedro, es el puro fruto.

¿Qué tal nosotros?

¿Hay paja?

Somos todavía espantapájaros rellenos.

Al principio funcionó la paja y nos ayudó, cuando todavía era verde.

Pero creo que ya está seca y nos puede ahogar y echar a perder nuestro fruto.

Pedro expresó algo muy importante y sin temor a equivocarme lo hizo pensando en su paja.

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca”. 1 Pedro 5:10.

Hasta Jesús citó la paja como pecado en Lucas 6:41.

“¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano…?”.

Quememos esa paja y que el fruto sea apartado y no se ahogue.

“Su aventador está en su mano, y limpiará su era, y recogerá el trigo en su granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará”. Lucas 3:17.

Amén.

Dios Te Bendiga.

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