Evangelismo

USTED ES CLAVE PARA EVANGELIZAR

Usted es clave al Evangelizar

El día que Lucía fue donde el pastor, él se quedó mirándola al escuchar su petición de apoyarla para ir a predicar en aquél caserío, al sur de la ciudad, al que estaba segura nadie había ido con el mensaje de Salvación.

Por un instante no supo qué decir. Luego, midiendo cuidadosamente el alcance de sus palabras, le dijo:

--Hermana, la idea es buena. Sin embargo creo que hay varios factores que nos llevan a esperar un tiempo. Primero, a usted le tocaría ir sola porque no conozco a nadie más que quiera ir a ese lugar; segundo, que a ciencia cierta no se si usted está preparada para ir a evangelizar, y tercero, no tenemos dentro del presupuesto un rubro para comprar tratados evangelísticos--.

La mujer se salió aburrida del templo. Por unas cuantas horas desechó la idea. Pero a la mañana siguiente, después de orar, se reafirmó en la propuesta de alcanzar aquél caserío de gente pobre, con el mensaje del Evangelio.

Compró un paquete pequeño de mensajes de las Escrituras, pidió a Dios la fortaleza necesaria y el domingo, después del servicio de la mañana, se encaminó a la zona marginal. Las calles estaban sin asfalto y las casas desafiaban la fuerza de gravedad con sus estructuras inestables de madera, cartón y zinc.

Fue de vivienda en vivienda. Tocaba. Al ser recibida, sonreía con optimismo, les extendía el plegable y les refería que sólo en Jesucristo hay Salvación. Su primera incursión dejó como resultado una persona convertida a Cristo. Una segunda visita arrojó un saldo de tres personas que hicieron decisión de fe y, una tercera incursión al sector, permitió que dos personas más recibieran a Jesús en su corazón. Aquellas almas estaban interesadas en tener un Estudio Bíblico.

Cuando se lo contó al pastor, lo primero que le dijo es que había tomado una decisión temeraria sin el apoyo de la Congregación, pero decidió apoyarla. Hoy en Charco Azul se reúne un pequeño grupo de creyentes, pero están confiados que pronto serán una congregación...

Un llamamiento irrevocable

Usted y yo que profesamos fe en el Señor Jesucristo somos los llamados a multiplicar las enseñanzas dinámicas del Evangelio. No podemos esperar que Dios envíe de los cielos a los ángeles para que hagan el trabajo que nos corresponde.

El amado Maestro se valió de sus seguidores, como leemos en la Palabra: "Después, Jesús eligió a setenta discípulos, y los envió en grupos de dos en dos a los pueblos y lugares por donde él iba a pasar" (Lucas 10:1. La Biblia en lenguaje sencillo)

Somos quienes abren la brecha, aquellos van delante del Hijo de Dios proclamándolo ante toda criatura. No hay límites ni sociales, culturales, económicos o de religión. A toda persona debemos hablarle de Cristo. Si no lo hacemos, pueden morir y estar por la eternidad en tinieblas porque no asumimos la decisión de compartirles acerca de la Salvación.

Hay mucho trabajo por hacer

Una persona con la que hablé en el Aeropuerto Tocumen, de Panamá, se quejaba de que en el templo no le ponían a servir en ningún ministerio. "El pastor sabe que quiero hacer algo para extender el Reino de Dios, pero no presta atención y sigo en la banca".

Abrimos la Biblia, aprovechando las interminables horas de espera antes que llegara el avión de conexión para Colombia, con el propósito de ver qué nos decía respecto al servicio. Y en particular dos versículos arrojaron muchas luces: "Jesús les dijo: Son muchos los que necesitan entrar en el reino de Dios, pero son muy pocos los que hay para anunciarles las buenas noticias. Por eso, pídanle a Dios que envíe más seguidores míos para compartir las buenas noticias con toda esa gente. Vayan ahora; pero tengan cuidado, porque yo los envío como quien manda corderos a una cueva de lobos." (Lucas 10:2, 3. La Biblia en lenguaje sencillo)

Generalmente esperamos que nos asignen a un ministerio específico pero olvidamos que hay millones de personas que mueren sin Cristo en el corazón. Y permítame decirle que es un ministerio al que muy pocas personas quieren sumarse, porque no es visible, demanda recursos y es ingrato, ya que nadie reconoce los esfuerzos. No obstante sí hay quien ve y oye todo: Dios. Con que Él se entere, basta y sobra.

Lo que no podemos desconocer, y el propio Señor Jesús lo dijo, es que se levantará oposición porque Satanás no está conforme y tratará de poner tropiezos. Para salir airosos de cualquier manifestación de adversidad, es primordial que permanezcamos tomados de la mano del Señor Jesús, íntimamente ligados a Él en oración.

Dios respalda y provee

Alguien me escribió desde un país suramericano para pedirme dinero con el fin de financiar la compra de tratados evangelísticos y poder predicar en su comunidad. Le respondí como a todos aquellos que elevan solicitudes similares: somos un ministerio de fe y aportamos a cualquier actividad que nos toca organizar.

Cuando hemos necesitado tratados, Dios los provee; igual si es transporte o alojamiento en caso de realizar un trabajo misionero fuera de Santiago de Cali.

El Señor Jesús dejó claro que tendríamos respaldo y provisión divinas: "No lleven dinero, ni mochila, ni zapatos. No se detengan a saludar a nadie por el camino. Cuando lleguen a alguna casa, saluden a todos los que vivan allí, deseando que les vaya bien. Si la gente merece el bien, el deseo de ustedes se cumplirá. Pero si no lo merece, no se cumplirá su deseo. No anden de casa en casa. Quédense con una sola familia, y coman y beban lo que allí les den, porque el trabajador merece que le paguen." (Lucas 10:4-7. La Biblia en lenguaje sencillo)

No se detenga si el primer aparente obstáculo es que no hay dinero. Clame a Dios, sin duda, reclamando esta promesa que Él dejó planteada tácitamente con las palabras del Señor Jesús. No me cabe la menor duda de que se sorprenderá gratamente con los resultados.

Evangelio y milagros

Todo aquél que ministra en la obra del Señor, goza de su respaldo si obra en la voluntad divina. La esencia de su mensaje debe ser la proclamación del Evangelio. Jesucristo instruyó a sus discípulos sobre el particular cuando les dijo: "Si entran en un pueblo y los reciben bien, coman lo que les sirvan, sanen a los enfermos, y díganles que el reino de Dios ya está por llegar." (Lucas 10:8, 9. La Biblia en lenguaje sencillo)

Al tiempo que Evangeliza, si hay ocasión de hacerlo, ore por los enfermos. Recuerde que la evangelización y la sanación fueron dos elementos que caracterizaron el ministerio del Señor Jesús. Usted como ministro cristiano, así no tenga cargo en la iglesia pero ya esté inmerso en la tarea de evangelizar a las personas, goza del respaldo de Dios y puede dar pasos de victoria, sabiendo que no está solo.

No lo rechazan a usted, sino al Evangelio

En cierta época del ministerio cuando salía con varios jóvenes a las calles del centro de Santiago de Cali para evangelizar a los vendedores ambulantes, un hombre me insultó cuando le compartí la Palabra, arrugó un tratado que le extendí y me lo arrojó a la cara.

--Váyase. Váyase o verá quién soy yo y de lo que soy capaz—me dijo en tono amenazante.

El incidente me golpeó bastante y mientras regresaba al templo, confieso que sentí el deseo de no salir nuevamente a las calles. Sin embargo después de orar, Dios me mostró que ellos no me rechazaban a mí sino al mensaje de Salvación. Esta convicción me animó para salir de nuevo a proclamar la Salvación en Cristo.

El amado Hijo de Dios advirtió sobre la probabilidad de que enfrentáramos rechazo al servir en la obra. "Pero si entran en un pueblo y no los reciben bien, salgan a la calle y protesten, diciendo: "No tenemos nada que ver con ustedes. Por eso, hasta el polvo de su pueblo lo sacudimos de nuestros pies. Pero sepan esto: ya está por llegar el reino de Dios. Les aseguro que, en el día del juicio, Dios castigará más duramente a la gente de ese pueblo que a la de Sodoma" (Lucas 10:10-12. La Biblia en lenguaje sencillo).

Tenga presente que hay mucho trabajo para hacer, que usted es la persona clave para desarrollar esa labor de evangelización, que si Dios lo envía Él respalda y que la victoria está asegurada. Con una persona que pase a la eternidad con Cristo, fruto de nuestra labor, habrán valido la pena todos los esfuerzos realizados. ¡Ánimo! ¡El día de emprender la proclamación del Evangelio es hoy...!

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